Hoy os voy a presentar una sesión muy tierna. Una sesión que a cualquier que ha tenido perros, gatos o animales en general se sentirán identificados.

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Esta perrita que veis se llama Judy. Y tiene 16 años. Es una campeona que se portó todo lo bien que pudo. A esta perrita le tienen que hacer transfusiones de sangre cada dos semanas y le queda poco tiempo de vida. Su dueña, Amanda, me pidió hacerle una sesión de fotos para tenerla de recuerdo y recordarla lo mejor posible. Y claro está que acepté.

Yo no hace mucho perdí a mi perrito con 18 años de vida y sé lo que se puede llegar a sentir por un animal después de casi toda tu vida con él. Así que sé lo que Amanda siente por Judy y sé lo que Judy siente por su Amanda así que no fue difícil retratar momentos como estos.

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Fue una sesión trabajada. Por su edad y enfermedad Judy sólo quería descansar y claro, tenía a un “pesao” dándole flashazos y meneos para que salieran fotos bonitas pero al final el resultado merece la pena. Lo que deberíamos de hacer todos los dueños de animales es cuidar como cuida Amanda a su perra. Tanto Judy como ella son el ejemplo de lo que puede significar un animal para las personas, aparte de dar compañía. A todas partes va con ella y va a exprimir cada segundo porque sabe que cada segundo juntas es una experiencia irrepetible. 

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Sólo me queda desearle que dure el mayor tiempo posible con fuerzas porque se lo merece, y sobre todo que disfrute con ella, que es lo que luego, cuando se vaya, va a perdurar. Las fotografías son fotografías, pero los sentimientos son otra cosa, y gracias a ellas los sentimientos fueron retratados en estas fotografías para que también se quedaran, junto con su memoria.

Gracias Amanda y Judy por el placer de retratar unas fotos que perduraran eternamente.

¡Hasta la próxima!